La encefalopatía asociada al VIH es una complicación neurológica directa de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana, que aparece con mayor frecuencia en pacientes sin tratamiento antirretroviral o con control virológico inadecuado. Se caracteriza por un deterioro progresivo de las funciones cognitivas, motoras y conductuales, resultado del efecto neurotóxico del virus y de la activación inflamatoria crónica a nivel del sistema nervioso central.
El diagnóstico es fundamentalmente clínico y de exclusión, basado en la presencia de síntomas neurológicos progresivos (alteraciones de memoria, enlentecimiento psicomotor, cambios de conducta, debilidad motora o trastornos de la marcha) en un paciente con infección por VIH avanzada, habitualmente con carga viral elevada y cifras bajas de linfocitos CD4.
Las pruebas de neuroimagen, especialmente la resonancia magnética cerebral, suelen mostrar hallazgos inespecíficos pero orientativos, como atrofia cerebral difusa, hiperintensidades en la sustancia blanca y signos de gliosis. El análisis del líquido cefalorraquídeo puede revelar pleocitosis leve, aumento de proteínas y detección de ARN del VIH, ayudando a descartar infecciones oportunistas asociadas. La confirmación diagnóstica se refuerza con la mejoría clínica tras el inicio del tratamiento antirretroviral.
El diagnóstico diferencial de la encefalopatía por VIH sin tratamiento es amplio y resulta esencial descartarlo de forma sistemática, dado que muchas entidades neurológicas comparten una presentación clínica similar en pacientes inmunodeprimidos.
Entre las principales causas a considerar se incluyen:
- Infecciones oportunistas del sistema nervioso central, como toxoplasmosis cerebral, criptococosis, leucoencefalopatía multifocal progresiva (virus JC), citomegalovirus o tuberculosis meníngea.
- Linfoma primario del sistema nervioso central, frecuente en estadios avanzados de inmunosupresión.
- Encefalopatías metabólicas o tóxicas, relacionadas con alteraciones hidroelectrolíticas, insuficiencia hepática o renal, consumo de sustancias o efectos adversos farmacológicos.
- Encefalopatías infecciosas no oportunistas, como encefalitis virales o bacterianas.
- Trastornos psiquiátricos primarios, especialmente depresión mayor o trastornos neurocognitivos no relacionados directamente con el VIH.
La correcta diferenciación entre estas entidades requiere una evaluación clínica integral, pruebas de laboratorio, estudios de imagen y, en algunos casos, estudios microbiológicos o histológicos. Un diagnóstico precoz es clave, ya que la encefalopatía asociada al VIH es potencialmente reversible o estabilizable con el inicio oportuno del tratamiento antirretroviral.
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